EL JUEGO Y LOS NIÑOS (PARTE I): BENEFICIOS

Tengo ganas desde hace tiempo de escribir este post, y aunque estoy segura de que va a ser un post muy personal y que me va a llevar su tiempo y reflexiones, me adentro en la aventura de manera muy consciente.

Para ello, nada mejor que tomar prestados algunos versos del gran Joan Manuel Serrat y aquella canción que decía…

A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción. Esos que se menean con nuestros gestos echando mano a cuanto hay a su alrededor. (…)
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, nuestros rencores y nuestro porvenir. Por eso nos parece que son de goma y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas, sin saber el oficio y sin vocación. Les vamos transmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción.

Cuando uno lee estas palabras con ojos de madre o padre, pero también con ojos de hijo o hija, se le estremece el alma. Qué difícil es ser tan sincero con uno mismo y plasmarlo en unos pocos versos, porque, efectivamente, ser padre pasa también por eso, por imponer a nuestros hijos tantas cosas: nuestros dioses (o la ausencia de ellos), nuestro idioma, nuestros rencores, nuestra manera de ver la vida, imponiéndoles a ellos el camino y la forma de afrontar la suya, al menos durante sus primeros años de vida.

El tema es que en eso se supone que reside el oficio de ser padre, un oficio para el que no hay manuales ni normas (por mucho que leas, cada día te enfrentarás a cosas que no tenías previstas), en el que ponemos demasiado de lo que somos y creemos que es lo mejor para ellos, aunque probablemente no lo sea. En mi caso, a mí me gusta el teatro, la pintura, leer, el mundo de las letras y las artes en general. Obviamente eso es lo que traslado a mi hija, y quizá me esté dejando cosas demasiado importantes en el camino de su aprendizaje, orientándola a un mundo que quizá no tiene por qué ser el suyo.

Lo mismo ocurre con los horarios. Dirigimos sus días, sus fines de semana, sus meses, sus clases, sus actividades, incluso el tiempo de ocio. Y a veces un niño no quiere ir al parque cada tarde (a Henar le pasa) o en el momento en que toca baño, dormir o hacer cualquier otra actividad programada, lo que el niño o la niña quiere es simplemente jugar, y jugar, y jugar… Y nosotros nos desesperamos porque eso no está en nuestra lista, o no a esa hora, o no tenemos tiempo, o estamos cansados… Sin duda no es fácil ser padre o madre en estos tiempos que corren pero tampoco en fácil ser niño o niña, sobre todo si no les dejamos serlo.


Los niños quieren jugar

Un niño o una niña quiere jugar y debe hacerlo, está en su naturaleza y si no juega ahora, ¿cuándo queremos que lo haga? Éste es su tiempo de infancia, en el que jugar y despreocuparse del mundo, para eso estamos nosotros, para preocuparnos (en ocasiones demasiado, por cierto). Pero es que además el juego tiene muchísimos beneficios para los niños. Por ejemplo, los siguiente:



1. Les divierte y les hace felices

Un niño cuando juega está en su salsa, se lo está pasando bien, disfrutando de su infancia y descubriendo ese mundo enorme que hay fuera y que obviamente quiere descubrir. Es una gran aventura (la del mundo exterior) que se construye con muchas pequeñas (o grandes) aventuras en forma de juego.


2. Instrumento indispensable para el aprendizaje. 

Jugar es divertido pero además permite aprender muchas cosas y no hay nada mejor que el juego para ello. No sólo hablamos de conocimientos sino de desarrollar otras habilidades: el ingenio, la motivación, la socialización, la resolución de problemas, la creatividad, la psicomotricidad, la autoestima, la compenetración, el equipo, la amistad y otros muchos valores.


3. Potencia la creatividad. 

En este punto quiero añadir mi propia reflexión, ya que quizá nuestros hijos tienen demasiadas cosas (juguetes, juegos…) y a veces les falta echarle más imaginación a la vida. Pero está claro que inventarse juegos agudiza el ingenio y potencia la creatividad. Yo recuerdo perfectamente hacer un tren en casa de mi abuela con tres sillas en fila y subir a todos los muñecos que andaban por ahí. Pero ése es un ejemplo tonto de miles. Cuando los niños salen fuera, se relacionan y juegan se las apañan para convertir cualquier cosa en un fascinante mundo en el que nada es lo que pueda parecer a los ojos de un adulto. La creatividad está on fire en esos momentos.


4. Socialización, interactuación con terceros que fomenta empatía y aceptación de la diversidad.  

Los niños socializan jugando, se relacionan con otros niños que son diferentes a ellos y así van desarrollando aspectos tan importantes como la empatía, la amistad y la aceptación de los demás, que normalmente son diferentes a como somos cada uno de nosotros. Todo ello conlleva un crecimiento emocional que si logramos afianzarlo desde el juego cuando somos niños es algo importantísimo para el resto de nuestras vidas.


5. Libertad, participación y motivación. El juego se basa en estos tres aspectos fundamentales, me refiero al juego libre, imaginativo (no a un juego de mesa con unas reglas concretas). No hay más que observar a los niños, son libres, participan entre ellos y están motivados jugando, descubriendo y creando nuevos mundos a través del juego.

6. La comunicación a través del juego. La comunicación es una herramienta clave en la vida y se nota mucho cuando alguien ha estado acostumbrado desde niño a comunicarse y enfrentarse a diversas situaciones con otros. A través del juego también los niños aprenden a comunicarse, a entenderse y también a resolver sus propios conflictos.

7. Beneficios físicos. Está claro que además jugar, saltar, correr y todas las demás actividades asociadas al juego tiene unos evidentes beneficios físicos en el niño. Mucho mejor que estar sentados en un sofá sin moverse atados a la pantalla de la tablet.


Juega con tus hijos

En todo este post he estado hablando más bien del juego libre de los niños en el parque o al aire libre y con otros niños. Pero padres y madres tenemos el deber inexcusable de jugar con nuestros hijos y es un deber que frecuentemente olvidamos (entono el mea culpa). Es fácil estar cansados, es más, es algo natural. Nos levantamos pronto, nos acostamos tarde, trabajamos, nos pasamos la vida corriendo y cuando estamos con nuestros hijos solemos estar tan cansados que si se entretienen ellos solitos lo agradecemos infinitamente y nos dedicamos a evadirnos, a descansar, a pensar en las musarañas…

Está genial y además es muy necesario que los niños jueguen con otros niños e incluso que también jueguen ellos solos, que aprendan a entretenerse, pero también nos necesitan y debemos formar parte de su juego en muchas ocasiones. Hay muchos momentos en que los niños están solos, aburridos o simplemente no se les ocurre con qué jugar. Comenzar una aventura con ellos es alucinante, no sólo para ellos, también para nosotros. Podemos extender el juego a multitud de situaciones: una gymkhana (en casa o fuera) resolviendo misterios mediante pistas, preparar juntos un picnic y vivir una aventura en la cocina y en el parque, inventar y contar historias, crear una tienda de campaña con unas sábanas y tres sillas o tirarnos por el suelo a pintar, abrazarnos y reír, construir nuestros propios juguetes con cartón u otros elementos reciclados o volar aviones de papel desde la terraza, disfrazarnos y meternos en la piel de personajes de cuento… podemos encontrar miles de cosas que hacer con nuestros hijos, algunas de ellas absolutamente tontas y facilísimas al mismo tiempo.

Ellos agradecerán infinitamente que estemos con ellos, que bajemos de nuestra altura, nuestra agenda, nuestras prisas y nuestro cansancio sempiterno y nos pongamos a jugar, que es lo que ellos quieren. Esto va muy en la línea de lo que os conté sobre estar cuando hay que estar. No se trata de estar tiempo de calidad, sino de estar todo el tiempo que podamos estar y que cuando estemos, lo hagamos de verdad. Es cierto que no es fácil, que de verdad solemos estar muy cansados, pero también que la infancia de nuestros hijos vuela entre nuestros dedos, por lo que de verdad merece la pena el esfuerzo. Puestos a quitar cosas de nuestras enormes listas, quizá lo mejor sería quitar otras cosas que aunque nos parezcan más importantes, si lo pensamos detenidamente, no lo son.


Y hasta aquí la reflexión sobre el juego y los niños. La acabo de titular como “Parte I” porque, en realidad, cuando empecé este post, mi idea era un poco diferente. Inicialmente quería enfocarla por el juego pero orientarla hacia talleres en los que aprender jugando. Sin embargo, luego me ha parecido interesante hablar de los beneficios del juego, así que lo de los talleres, lo dejo para la Parte II, próximamente… 

Quizá te interese:

Planes con niños: desarrollando la creatividad

El juego y los niños (Parte II): talleres multidisciplinares

Comentarios

Leira ha dicho que…
El juego es innato en los niños, desde que nacen juegan. Empiezan jugando con sus manos (cuando las descubren), luego con los objetos que les damos... Y qué cosas: todos los niños juegan a lo mismo sean de donde sean. Muy buen post.
ITACA ha dicho que…
Me alegro de que te guste, estoy escribiendo una segunda parte, Leira, a ver si también te parece interesante. Muchas gracias!
Margari ha dicho que…
Momentos de auténtico placer, para ellos y para nosotros. Momentos para jugar, para conocernos, para estar juntos, para disfrutar de cada segundo... Que luego crecen muy rápido.
Besotes!!!
ITACA ha dicho que…
Sí, qué rápido crecen, Margari... :(

Entradas populares