QUOD NATURA NON DAT, SALMANTICA NON PRAESTAT

La vida tiene cosas extrañas… por ejemplo lo poco que hablo de Salamanca por este blog. El otro día una amiga (que además me lee) me comentó tomando un café: Me extrañó que escribieses sobre Soria y que sin embargo nunca lo hagas sobre Salamanca. Os juro que no era consciente de que no hablaba de Salamanca desde hace… (la reseña de Me llamo Miguel no cuenta), sobre todo teniendo en cuenta que desde que empezó el año he ido ¡¡¡dos veces!!! A Salamanca. Y seguro que no serán las únicas de todo 2017.

Mi idilio con esta ciudad viene de largo. De hecho, confieso públicamente que me casé en Salamanca, en el Ayuntamiento, en plena Plaza Mayor, porque me parecía el mejor lugar del mundo para casarse. Y sí, no soy de allí, no tengo familia que viva en esa ciudad, y en determinados momentos, a pesar de estar sólo a dos horas de Madrid he estado meses sin pisarla. Pero me encanta esta ciudad y, aunque habrá quien conozca otros cientos de lugares preciosos para casarse, lo siento, pero para mí no hay nada como hacerlo en ese mágico lugar en una tarde de sol de principios de octubre y luego salir al balcón.

Ya me estoy yendo de tema, así que vuelvo. Me apellido Montero, quien sea de Salamanca sabe que es un apellido que tiene raíces charras desde siglos atrás. Mis abuelos eran de Ciudad Rodrigo (de la que os hablé en este post y que es un lugar desconocido y alucinante, os lo recomiendo a todos). Ciudad Rodrigo, aunque pertenezca a la provincia, poco tiene que ver con Salamanca, pero aún así, además de la afinidad que yo he conseguido con esta ciudad en mi vida, me gusta pensar que hay algo espiritual, de la historia de familia que hunde sus raíces siglos atrás. Por ello, me encanta sacarme una foto cada vez que voy delante de Casa Montero, al ladito de la Plaza Mayor. Quién sabe, igual hasta somos familia y todo.


Pero además Salamanca es un lugar donde siempre he sido profundamente feliz. Aprendí a amar esta ciudad de inviernos fríos inclementes y veranos calurosos, una joya de Castilla en esa tierra en la que la frontera portuguesa ya se siente cercana. A este respecto, yo siempre recuerdo que el gran terremoto de Lisboa se sintió en Salamanca y que algunas grietas en la torre de la Catedral Nueva siguen ahí como testigos silenciosos de la historia.

Tuve la inmensa suerte de tener varias amigas que eligieron la mítica Universidad salmantina para estudiar. Eso me brindó la posibilidad de hacer muchas escapadas en autobús desde Oviedo y quedarme muchos fines de semana, disfrutando de la noche salmantina y de muchas otras cosas. Aquellos eran tiempos muy diferentes, yo ahora me acuesto a la hora en la que lo hacen las gallinas, pero reconozco que he vivido muchas noches de vino y rosas entre sus calles empedradas. Muchas de ellas frías, heladas... de hecho, creo que Salamanca es también uno de esos lugares en los cuales yo he pasado más frío en toda mi vida. Pero también donde más querida me he sentido, con el calorcito de esos lugares que son tan nuestros.



Y desde luego, siempre me enamoré de ella, de su historia, de su imponente figura a orillas del Tormes. Salamanca supura historia en cada uno de sus poros, cada uno de sus rincones. Por allí pasaron figuras clave de la historia de España como Fray Luis de León o Miguel de Unamuno. Frases de la memoria colectiva: "Como decíamos ayer" o "Venceréis pero no convenceréis" encierran mucho más entre sus letras que frases hechas. Encierran la historia de esta España dividida desde hace siglos.

En Salamanca todo es bonito: su Universidad, su Catedral Vieja, el Huerto de Calixto y Melibea, La Ponti y por supuesto el Patio Escuelas. Sí, no he incluido la Catedral Nueva porque no es santo de mi devoción precisamente. En Salamanca tenemos la inmensa suerte de que no derribaron la catedral románica para levantar la gótica, sino que la mantuvieron y tenemos una al lado de la otra. Pocos lugares tan mágicos existen en el mundo como La Catedral Vieja de Salamanca, con su patrona la Virgen de la Vega en su altar mayor. Es difícil encontrarla abierta, pero si lo haces, no dejes pasar la oportunidad de visitarla.

El Patio Escuelas es además con toda probabilidad mi rinconcito favorito de esta ciudad. Ese patio pequeñito, inesperado, que te encuentras al lado del edificio de la Universidad. Recuerdo que cuando fue ciudad europea de la cultura, allí habitaron las figuras del grupo escultórico de Los burgueses de Calais de Rodin. Este lugar también participa de esta mística intensa de esta ciudad única.



Ciudad única bañada por una luz intensa, que se refleja sobre la belleza dorada de la piedra de Villamayor, con la que están construidos sus principales edificios. Soy muy consciente de que este post se queda corto, que no es un buen post de viajes precisamente, pero es un post de sentimiento.

Para mí Salamanca son los atardeceres dorados de la piedra de Villamayor, las tapas de Van Dyck, el vermú en la Plaza Mayor, las noches universitarias de vino y rosas, el hornazo, la belleza intensa de las vidrieras de la Casa de Lys, microteatro en la Malhablada, los paseos junto al río, los desayunos en Caballerizas con un jamón ibérico de Guijuelo que te deja sin palabras. Su gente, sus fiestas, septiembre al sol... Y a veces frío, mucho frío. Pero el calor de mi Salamanca siempre es intenso, aunque el frío en la calle te dé escalofríos


Y recordad siempre otra frase ligada a la historia de esta ciudad... Quod natura nos dat, Salmantica non praestat

Comentarios

Perfida Canalla ha dicho que…
La verdad es que Salamanca es una ciudad preciosa y con un encanto especial.
Estoy contigo en que es dificil describir todo lo que aporta además de su monumentalidad.

Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita
Leira ha dicho que…
Es mi eterna pendiente y mira que pilla cerca de Madrid y de Gijón, las ciudades donde he vivido y vivo. Además, los padres de una de mis mejores amigas de la EGB eran de allí y me hablaba mucho de esta ciudad y del baile de la botella que su madre tan bien hacía. Me encanta tu post.
ITACA ha dicho que…
No tiene perdón que no la conozcas, Leiva, Salamanca es imprescindible ☺. Si vas, escríbeme, que te cuento mis sitios preferidos
Bego ha dicho que…
Esta es otra cosa que tenemos en común. Cuatro años pasé en Salamanca y la llevo para siempre conmigo ya.
Besos
ITACA ha dicho que…
¿Qué te voy a contar que no sepas tras vivir cuatro años en Salamanca, Bego? Adoramos esta ciudad.
SVaRaDa ha dicho que…
Qué lindas palabras!
ITACA ha dicho que…
Ya sabes que me encanta tu ciudad @Svarada 😄
Ali EB ha dicho que…
Yo soy otra enamorada de Salamanca, no ya tanto por la ciudad, que es preciosa, sino por los buenos momentos, las risas y las grandes noches que he pasado allí.
Hace tiempo que no voy, y tu post me ha dado morriña... ains.
Besitos!
ITACA ha dicho que…
A mí me encanta Salamanca como tal, pero también por todos los recuerdos que me trae y lo bien que lo he pasado allí Ali EB

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